El fenómeno climático de El Niño se está formando más rápido




América Latina aparece entre las zonas con mayor riesgo por sus efectos en cultivos, agua y temperaturas.
El fenómeno climático de El Niño se está formando más rápido de lo previsto. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida como NOAA, alertó sobre ese avance. Según su informe más reciente, hay un 82 % de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio. También señala que el evento podría mantenerse activo hasta 2027. Los modelos climáticos muestran más de un 50 % de opciones de que alcance niveles fuertes o muy fuertes entre septiembre y noviembre. Los expertos explican que este cambio va de la mano con el calentamiento acelerado de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. El Niño es un fenómeno natural que ocurre cada dos a siete años. Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical. Cuando la temperatura del océano supera los dos grados centígrados por encima del promedio histórico, el evento puede ser catalogado como un “Super El Niño”. Los antecedentes más graves ocurrieron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, con sequías, inundaciones, incendios forestales y pérdidas millonarias.
La NOAA advierte que el fenómeno actual podría acercarse a esos niveles históricos. Entre los efectos previstos están sequías severas y olas de calor en Australia, el sudeste asiático y parte de Centroamérica. También se esperan lluvias torrenciales e inundaciones en zonas de América. Los especialistas mencionan además cambios en las temporadas de huracanes y un mayor riesgo de incendios forestales. A eso se suman la escasez de agua, las afectaciones agrícolas y el aumento de las temperaturas globales. La NOAA incluso advierte que 2026 o 2027 podrían convertirse en los años más cálidos jamás registrados. Las agencias de Naciones Unidas también alertaron sobre los riesgos para América Latina y el Caribe. La FAO y el Programa Mundial de Alimentos avisaron que millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria por sequías, pérdida de cultivos y aumento de precios. Una de las zonas más vulnerables es el Corredor Seco de Centroamérica, donde se prevé más aridez y más problemas para la producción agrícola. Aunque todavía hay incertidumbre sobre la intensidad final del fenómeno, los científicos insisten en que el mundo debe prepararse para escenarios climáticos extremos.
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