Guillermo del Toro reescribe a Frankenstein con cicatrices de guerra




El Ártico aparece como herida histórica donde creador y criatura se enfrentan a sus culpas.
En la nueva Frankenstein de Guillermo del Toro, la guerra abre la primera herida. El filme cruza el recuerdo de Goya con la odisea helada del Polo Norte. La imagen de Ana en El espíritu de la colmena vuelve como eco de inocencia rota. El monstruo de Whale que jugó con María es espejo del proscrito en la España franquista. Del Toro levanta ese espejo y lo coloca sobre un paisaje de hielo que parece grabado. El Ártico funciona como cementerio de imperios y memoria congelada. Allí la criatura camina como un gigante remendado que mira con ternura. La película sitúa su relato tras la Guerra de Crimea y cose cuerpos con historial bélico. Víctor Frankenstein junta restos de soldados para desafiar a la muerte. La criatura crece con alma de archivo y carne de batalla olvidada. Los Desastres de la Guerra de Goya laten en cada plano de violencia deshumanizada. Para los soldados, el cuerpo remendado parece enemigo eterno. Para los oficiales, es promesa de poder sobre la vida. Para Víctor, es un espejo de culpas y ambición quebrada. El monstruo habla, aprende con un anciano ciego y lee a Milton. Su pregunta clave desarma al creador: si me diste voluntad, ahora me condenas. Byron aporta el tono trágico que denuncia la soberbia romántica del genio herido. En el hielo la persecución se vuelve necesidad de respuestas, lejos del ajuste de cuentas. La criatura elige la palabra como dignidad y contempla un horizonte blanco sin antorchas ni aldeas ardiendo. La película cierra el díptico de Erice y deja una pregunta abierta: quién es el monstruo y quién el hombre.
Directivos y simpatizantes de Unidad Popular marcharon este lunes 23 de marzo de 2026 al Conse…
La noche del lunes 23 de marzo de 2026, Bernardo Cordovez denunció una amenaza en uno de los c…
El Consejo Nacional Electoral informó que los reportes técnico-jurídicos recomiendan iniciar l…
