Conducir distraído es como manejar borracho




Un descuido por un instante es suficiente para causar una tragedia.
En Ecuador, la distracción al volante crece como un riesgo silencioso que afecta a peatones y conductores por igual. En las últimas décadas, el debate sobre seguridad vial se ha concentrado en reducir la conducción bajo efectos del alcohol. Sin embargo, un nuevo enemigo ha crecido casi en silencio: la distracción al volante. Si miramos a nuestro alrededor, en las vías públicas, podemos notar un patrón inquietante: un conductor revisa su celular, otro escribe un mensaje rápido, alguien más ajusta la música sin ver al frente. En apariencia son insignificantes segundos, pero en la vía ese tiempo pueden ser letal. La escena se repite tanto, que hemos empezado a normalizarla, sin recordar que un pequeño descuido puede cambiar una vida para siempre. En Ecuador, la distracción al volante se ha convertido en uno de los factores de riesgo más graves en las vías. Según cifras de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT 2023), el 21,7% de los siniestros con víctimas se produjeron por distracciones, y en ese mismo año 186 peatones perdieron la vida en las carreteras, una parte significativa asociada a conductores distraídos de la responsabilidad que implica conducir un vehículo. Estos datos reflejan una costumbre (nada deseable para nuestra sociedad) que expertos en movilidad ya la vienen advirtiendo: un conductor distraído puede resultar tan peligroso como uno que maneja bajo los efectos del alcohol, pues ambos disminuyen su capacidad de reacción de forma drástica. La distracción mientras se conduce un vehículo no solo implica revisar el celular, puede ser cambiar de emisora, mirar brevemente al copiloto o intentar alcanzar un objeto, lo que implica perder de vista lo esencial: la responsabilidad de conducir. Tomar una decisión un segundo tarde puede significar la causa de una tragedia. La situación se agrava porque muchos conductores subestiman el riesgo. Creen que “solo serán dos segundos”, sin considerar que a 60 km/h un vehículo recorre más de 16 metros en ese breve lapso. Ese trayecto, con la mirada perdida, es suficiente para no ver un cruce peatonal, un semáforo en rojo o a una persona atravesando la vía. Frente a este panorama, la cultura vial se vuelve una herramienta urgente. Recordar que el volante exige atención total, es un acto de responsabilidad social. Cada conductor debe asumir que, al manejar, protege no solo su vida, sino también la de peatones, ciclistas y otros usuarios de la vía. Y aunque los avances tecnológicos han hecho más fácil la comunicación, también han multiplicado las distracciones. Por ello, se recomiendan guardar el celular en un lugar fuera de la vista, activar funciones de “no molestar al conducir” y, si es absolutamente necesario atender algo, detenerse en un sitio seguro. La cultura vial no solo se construye con normas y controles, sino con conductores conscientes. Mirar el celular dos segundos puede no parecer mucho, pero en la vía puede costar una vida.
Te invitamos a reflexionar este tema en conjunto en la página de YouTube: Cultura Vial Tungurahua.
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